regeneración democrática

En los últimos años el descontento de los ciudadanos con la clase política y los cargos públicos es manifiesto y razonable. El pueblo ha tenido que hacer grandes sacrificios y sufrir constantes renuncias sociales como consecuencia de la crisis económica por la que se ha visto afectada nuestro país. Y en contraprestación han visto como muchos de sus dirigentes se eternizan en sus cargos, ostentan privilegios que los alejan de la realidad del pueblo y se ven salpicados constantemente en casos de corrupción.

La semana pasada se publicó un titular que me dejó un sabor agridulce. Se nos otorgaba haber obrado un “milagro” al haber conseguido, desde la oposición, conciliar a todos los grupos en pro de una iniciativa que creemos buena para todos. Dulce por el orgullo y satisfacción de ir dando pasos adelante para llevar a cabo un proyecto; agrio por el hecho que todos los partidos unidos en pro de una propuesta sea visto como algo fuera de lo común.